Un título es una promesa

Un título es una promesa

Cuando “Mientras amanece. 366 reflexiones para una vida” comenzó a gestarse, aún sin yo saberlo, al calendario le tocaba mostrar un mes de febrero con 29 días. Era 2020 y estábamos en bisiesto, que rima con siniestro, para acabar dando cumplimiento a ese dicho creado antes de saber de primera mano qué es una pandemia global.

En ese mismo año aprendí, en un curso de comunicación de alto impacto, aunque en realidad es un curso de revolución interior disfrazado de Comunicación, puesto que también la tiene, por un lado, que “un título es una promesa” y que en comunicación “no se debe dejar a nadie fuera”. Yo, a este último lema lo renombré como el “síndrome del submarino” para entender visualmente mucho mejor, que en una conferencia o en un curso, nadie debe sentir que queda fuera de una aclaración, explicación, etc.

A estas alturas todos sabemos el motivo de ajuste de la división artificial que el ser humano ha hecho para contar el tiempo y alinearlo con el ciclo solar, añadiendo cada cuatro años un día más al calendario. Y es que esos 365 días y 6 horas que la tierra tarda en rodear al Sol, según cálculos de épocas romanas y su calendario juliano, impuesto por el Emperador (cómo no) Julio César, debían ser ajustados cada cuatro años, añadiendo ese día 29 de febrero al conteo anual. Y como de emperadores y papas ha ido gran parte de la historia que nos han ido contando, tenía que ser un tal Gregorio XIII, quien ajustara un desfase más concreto de once minutos y casi 15 segundos que dura menos, en realidad, el cálculo previo del año solar. Así se corregía el desfase de unos diez días que se había desviado durante siglos la llegada de la Pascua y su relación con el equinoccio de marzo. Esto se hizo con su calendario gregoriano, que debió sonar a música celestial (no estiraremos la broma que nos desviamos). En todo caso, y fuera como quieran contarnos, o no, desde el siglo XVI venimos aplicando este calendario en casi todo el mundo. No sin antes ajustarlo en cada país, recortando días o añadiéndolos en algún caso. Sí, más artificio al tiempo establecido para regir la vida del ser humano.

Cuenta la historia, que Suecia, haciéndose ya los “ellos mismos”, para evitar un recorte drástico de días, quiso ir ajustando durante cuarenta años su calendario juliano, eliminando los años bisiestos empezando allá por 1700, 1704, 1708… La guerra hizo que atendieran otras prioridades, olvidando este ajuste, hasta que, de nuevo otro emperador, Carlos XII (de Suecia), viendo que su calendario ni era juliano ni gregoriano, cortara por lo sano (tú también te has dado cuenta del ripio, ¿verdad?) y ordenara añadir al bisiesto de 1712 un día adicional al 29 de febrero. De esta forma a los suecos le dieron dos días más en febrero (de pequeño a mí también me daban dos petisúes, perdón que nos volvemos a desviar) y en este planeta, por única vez en su historia (contada), hubo un 30 de febrero en el calendario.

Algunos lectores de “mi libro” me han felicitado por ser transgresor y no “dejar fuera” la reflexión 366 para completar un año bisiesto. Pretendo que este libro sea atemporal, que esté fuera del artificio del conteo de días marcados por la iniciativa de un papa o de un emperador. También pretendo que sea un llamado a la acción. Por eso y lo desvelo aquí, la reflexión 366 pretende ser diferente y que sea coherente con el motivo de este libro y todas sus reflexiones. Pero, cuando llegues a ella, si te planteas que no he cumplido la promesa del título, también te desvelaré ahora que esa reflexión 366 está canalizada, recibida y guardada fuera de este libro. Así se ha cumplido con la promesa y con el ánimo de incitar a mirar hacia dentro y buscar la voz interior que todos llevamos dentro esperando a ser oída. Si llega a tus manos este libro, un día te hablará de que la vida es algo más que pasar los días marcados por un calendario colgado en una pared. Concluirás, tú también, que cada día es una vida con todas las oportunidades y aprendizajes para sacarle el máximo partido y crecer interiormente. A esto hemos venido y podemos dejar una estela que otros puedan seguir o apoyarse en el ejemplo para avanzar.

Te animo a que reflexiones cómo quieres cada día: ¿Sabiendo en qué día vives según el calendario que has comprado, o considerándolo una vida para vivirlo como si fuera el último? Tú y yo sabemos que un día esto último se cumplirá, pero solo un día, el resto no.

¡Vivamos de verdad!

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